Próximamente

Levantó la espada, blandiéndola con ambas manos, dejando la marca de sus dedos en el cuero que cubría la empuñadura y apuntando con el filo hacia la bestia. La luz rebotaba sobre el acero, otorgándole vida propia, de la misma forma que se reflejaba sobre las escamas rojas de aquella colosal criatura. Abrió sus fauces, repletas de colmillos tan largos y afilados como una ristra de cuchillos, y dejó escapar su aliento entre las diminutas hendiduras que retenían aquella lengua alargada y retorcida. Los ojos desnudos del monstruo se cruzaron con los del paladín, protegidos tras aquel yelmo que ante aquella situación parecía tan endeble como un pliego de papel. El dragón abrió completamente sus fauces y rugió, haciéndose eco en torno a las murallas del patio de armas y desplegando sus alas hasta rasgar los ladrillos que constituían las almenas.[...]



Ya deberías saberlo, chaval. Este es un lugar donde la gente viene a pasar el rato. Algunas veces porque no tienen nada más interesante que hacer y otras porque tienen miedo acerca de lo que tienen que hacer. Para muchos, esto no es más que una vía de escape con la que esconderse de sus temores e inquietudes, mientras que otros simplemente están aquí evitando sus obligaciones por pura pereza. Pero a fin de cuentas, todos podrían estar en otro lugar dedicándose a algo más importante que a vaciar jarras de cerveza, con o sin lágrimas y con o sin compañía. [...]